martes, 12 de mayo de 2015

Traductores, que no nos corten las alas

Cuando somos estudiantes de Traducción, lo único que queremos es empezar a traducir. Entramos en la carrera tan felices, pensando que enseguida nos van a plantar un texto y nos van a enseñar cómo se hace. Pero no. Lo único que conseguimos son clases de idiomas, culturas e informática básica (esto es, correo electrónico, Office y poco más). Todos estamos de acuerdo en que estas cosas son importantes y útiles, así que apechugamos y esperamos que en el segundo curso podamos traducir de una vez. Al fin y a cabo vamos a ser un traductor.

traductor ingles

Llega segundo y estamos emocionados, ¡puede que por fin podamos traducir, aunque sea unas pocas unas líneas! Pero no, solo tenemos más y más teoría e informática 2, y mi querido Trados. Agachamos la cabeza una vez más. Y llega el segundo cuatrimestre, ¡por fin vemos la luz al final del túnel! ¡Tenemos asignaturas de traducción! Pero al poco tiempo nos damos cuenta de que traducir, lo que es traducir... tampoco lo vamos a hacer mucho. Más bien los profesores se centrarán en echarnos a la cara todos nuestros terribles y fatales errores. Los más débiles empiezan a deprimirse pensando que nunca serán traductores de provecho y que quieren dejar la carrera.

Pero otros no nos rendimos. Y llega tercero. Tercero parece guay, porque por fin hemos podido «elegir» optativas. Pero para el segundo cuatrimestre. Bueno, será como dicen, y lo bueno se hace esperar... Y otra vez aguantamos un cuatrimestre lleno de teoría. Oh, sí, tenemos traducción profesional. Esto es: jurídica y económica. Y para un traductor que pretende dedicarse a lo audiovisual o a lo literario, como es mi caso, no es nada divertido tener que dar Traducción Profesional. Pero seguimos siendo conscientes de que todo es útil en esta vida, y ¡eh! ¡Al menos traducimos! No es bonito, pero alguien tiene que hacerlo.

traductor frances

¡Y por fin el segundo cuatrimestre! ¡Alegría! Todos estamos (relativamente) contentos con nuestras optativas. Los que queríamos hacer subtítulos estamos haciendo subtítulos, los que queríamos hacer revisión y corrección de textos estamos revisando y corrigiendo textos, los que no queríamos interpretar estamos interpretan... ¡un momento! Algo falla aquí... Los que queríamos hacer subtítulos estamos pautando; los que queríamos hacer revisión y corrección nos estamos leyendo la Ortografía de la RAE y traduciendo (¿?), y los que no queríamos hacer interpretación, estamos interpretando, porque nos obligan...

Pero nosotros, estudiantes de traducción, no perderemos la esperanza. Seguiremos ansiando que el año que viene podamos, por fin, hacer lo que nos gusta...

Y y me pregunto... ¿por qué siempre hay gente que intenta hundirnos? Desde que empezamos la carrera, muchísimas personas, entre ellas varios profesores, nos meten en la cabeza que de la traducción no se vive, que para ser traductor literario hay que tener más de 50 años, que es un oficio muy mal pagado, que nadie nos valorará, que el traductor trabaja en la sombra, que la carrera no tiene salidas... Y algunas de estas cosas puede que sean ciertas. O no. Todo depende del espíritu. Tenemos que ser optimistas, ¡no echarnos piedras sobre nuestro propio tejado! Debemos seguir el consejo de las personas que saben más que nosotros, pero siempre que sean consejos positivos. La traducción es un trabajo como cualquier otro, con las mismas salidas y las mismas posibilidades de triunfar. Y si nos gusta, si queremos, si lo intentamos, si insistimos y perseveramos, ¿por qué no vamos a poder lograrlo?.

traductor aleman


Ese es el espíritu, damas y caballeros. El espíritu del estudiante de traducción, que desde mucho antes de entrar en la carrera ya quiere traducir, pero no suele conseguirlo hasta algo (o mucho) después. Los estudiantes de traducción, y si me lo permitís, los traductores en general, somos perseverantes. Seguimos adelante con nuestro objetivo claro en la mente y no nos detenemos hasta lograrlo. Queremos traducir, y lo vamos a conseguir. Queremos encontrar una traducción que encaje, y no vamos a parar hasta encontrarla. Si hace falta, nos pasaremos la noche en vela, removeremos cielo, tierra e internet, preguntaremos a todos nuestros contactos, nos meteremos en foros... hasta que demos con la respuesta. ¿Qué traductor no ha tenido nunca esa sensación tan gratificante que le invade cuando da por fin con las palabras que tenía en la punta de la lengua? (o en la punta del cerebro, como a mí me gusta decirlo; o incluso en la punta de los dedos).

Ese es el espíritu y esa es la sensación que queremos obtener, la de la (casi) perfección de un texto. Y eso, desde los inicios, nos impulsa a seguir adelante. Puede que muchos traductores experimentados con años de trabajo a las espaldas hayan perdido el rumbo y por eso hayan pasado del entusiasmo al pesimismo, o puede que siempre hayan sido así. Me gustaría que esos traductores recordaran por qué decidieron empezar a traducir. Creo que muchas veces perdemos el rumbo de nuestras vidas porque nos abruman demasiados factores externos, por eso es importante que, cuando veamos que nos estamos hundiendo en el pozo, pensemos en el entusiasmo de un joven traductor que un día quiso llegar a ser alguien grande y hacer grandes cosas.

Y también les pido a estos traductores pesimistas que tengan cuidado al esparcir toda esa negatividad por el mundo. Un joven traductor es fácil de corromper, por el simple hecho de que tomará ejemplo y creerá en las enseñanzas de sus maestros. Por ello, no nos corten las alas. Recuerden que ustedes también las tienen y que aún les queda mucho por volar.

viernes, 16 de marzo de 2012

10 consejos básicos a la hora de tratar con un traductor

A raíz de algunas entradas recientes y basándome en mi experiencia como traductora en potencia, he decidido redactar mi propia lista de consejos que hay que tener en cuenta a la hora de relacionarse afectiva o amistosamente con un traductor (o futuro traductor, o traductor potencial).

Antes que nada, quiero aclarar que esta entrada es simplemente una exageración de la realidad para provocar algunas risas entre personas que sí se sienten identificadas con estos puntos. En ningún momento he querido pecar de soberbia, creerme superior, menospreciar a los demás o dar lecciones de nada. Si no entendéis el sentido del humor de lo que he escrito, lo siento. Simplemente es mi opinión, como digo, bastante exagerada. :-)


1) Por favor, no confundáis «traductor» con «intérprete». Los traductores podemos ser también intérpretes y viceversa, pero son cosas distintas. Un traductor traduce texto, de forma escrita. Un intérprete "traduce" un discurso, conversación o ponencia, de forma oral. Mientras que el traductor puede trabajar desde su casa, el intérprete tiene que enfrentarse al trato humano y al pánico escénico. Por eso yo prefiero no ser intérprete, si puedo evitarlo.

traductor o intérprete

2) No discutáis con nosotros sobre cuestiones idiomáticas (ni del español ni de ningún otro idioma que dominemos). A los traductores profesionales de España nos encantan los idiomas, estamos casi obsesionados con ellos. Siempre intentaremos aprender uno nuevo o mejorar en otro que ya conozcamos, y sabemos bastante. Por ello, ni se os ocurra contradecirnos a no ser que estéis completamente seguros de que lo que decís es así. Un traductor es capaz de encontrar en un momento cinco fuentes distintas que apoyen su teoría, y otras tantas que refuten la vuestra si es incorrecta (que para eso estudiamos Documentación en la carrera y la practicamos diariamente). Esto se aplica a normas ortográficas, puntuación, acentuación y pronunciación, entre otras. Doy fe de que la gente se empeña en discutir conmigo cómo se pronuncian determinadas palabras en inglés, y me enerva. Vamos a ver, primero: si no tienes ni idea, no digas nada; segundo: si te doy pruebas fonéticas de que lo que me estás diciendo no se pronuncia así, sino como yo digo, no me sigas contradiciendo; tercero: si tú no tienes pruebas ni tampoco tienes ni idea de cómo leer fonética, no tenemos más que hablar.

Diccionario español


3) No os sorprendáis (bueno, no salgáis huyendo) si nos veis emocionadísimos en la planta de diccionarios y manuales de consulta de cualquier librería o lugar donde haya una alta concentración de libros yendo de acá para allá y comentando las maravillas de la nueva Ortografía de la RAE, del estupendo Diccionario Redes o del ideal librito de verbos Bescherelle. Así como a vosotros os hace mucha ilusión una figura, poster, camiseta, película o nuevo disco de vuestro grupo favorito, nosotros amamos los diccionarios y los manuales de consulta por encima de [casi] todas las cosas (a pesar de que a veces nos den más penas que alegrías) y los consideramos un regalo estupendo (*guiño guiño*), mientras que vosotros fruncís el ceño y decís por lo bajini: «bueno, si a ti te gusta...».


4) También amamos los libros, y por supuesto leer. Eso es un hecho y uno de nuestros mayores pasatiempos. Podríamos pasarnos la vida leyendo (de hecho lo hacemos, aunque no siempre leemos lo que nos gustaría). Y ¡ojo! Los traductores leemos en el idioma original siempre que sea posible. Bastantes chascos nos hemos llevado ya, que parece mentira que no estemos curados de espanto. Aunque a veces nos vale el dicho de «Ojos que no ven, corazón que no siente» si leemos un libro traducido y nunca jamás en la vida leemos su versión original. Pero como eso es poco probable que ocurra, al final nos llevamos muchísimas decepciones, indignaciones y rabietas. Si a vosotros no os gusta leer, podemos llegar a entenderlo, pero respetad nuestro pasatiempo. No os pongáis a hacer cosas ruidosas cuando queramos disfrutar de nuestro [escaso] tiempo libre de forma tranquila. Entended también que leer es un pasatiempo solitario y que si os ponéis a hacer cualquier otra cosa al lado que no implique quedarse quieto y en silencio, puede que nos moleste.

libro de traductores

5) Derivado del punto anterior, los traductores somos críticos. Muy críticos. Estamos cansados de encontrar traducciones pésimas, traductores que parece que los acaban de sacar del colegio, cosas de cajón que están mal, falsos sentidos y de decir o pensar cosas como: «mi prima de cinco años podría haberlo escrito mejor», «esto no significa lo que pone aquí», «pero cómo puede haber pasado esto por alto», «está claro que esto es una frase hecha y lo han traducido literalmente», «quién narices le ha pagado a esta persona por hacer esta cosa a la que denomina trabajo» y un largo etcétera. Sí, nosotros siempre lo habríamos hecho mejor (eso sí, habría que vernos). La verdad es que leer un libro en su versión original y luego leer su traducción (o viceversa) es una de las peores experiencias para un traductor. Nos duele el alma. Benditos seáis los demás, que vivís ajenos a este suplicio. Por lo tanto, no os toméis a mal nuestras críticas. Son constructivas, aunque nos indignemos.

Blog taductor

6) Obviamente, nuestro único pasatiempo no es leer. También nos suele gustar el cine (aunque después de pisar el mundo de la traducción audiovisual, muchos pueden acabar bastante desencantados con el séptimo arte). Y al igual que pasa con los libros, los traductores vemos las películas y las series en versión original. Si os gusta que os lo den todo masticadito y doblado o no os gusta leer subtítulos (en el idioma original, por supuesto, que eso de leer subtítulos en español, sobre todo si se han descargado de alguna página de internet, es el pecado más mortal y una total aberración), mejor no veáis películas ni series con un traductor. Y si este cede a vuestras súplicas, ateneos a las consecuencias: «eso no se dice así, lo han doblado mal», «se están inventando los subtítulos», «por Dios, eso es un calco como una catedral», «no ha dicho eso», y otro largo etcétera. Tema aparte son las adaptaciones literarias al cine. Lloro, con eso os digo todo.

traducción cine

7) Como decía, a los traductores también nos gustan otras cosas aparte de los libros y los idiomas. En el fondo somos personitas con sentimientos, así que nos puede gustar cualquier otra cosa que le guste a una persona normal. Quiero decir... bueno, ya me entendéis. Nos pueden gustar los deportes, tocar un instrumento, los videojuegos, salir de fiesta, ir de acampada, ir a museos, la moda, comer kebabs... esas cosas. Ni nos pasamos el día encerrados en casa, ni somos unos frikis gafapastas. Los habrá, y no hay nada malo en ello, pero no todos somos así. No nos estereotipéis ni tengáis miedo a compartir vuestras aficiones con nosotros o a invitarnos a hacer cosas diferentes. A veces estamos cansados de leer (en eso se basa el 99 % de nuestro trabajo) y queremos pasar nuestro tiempo libre haciendo otra cosa.

felicidad traductores

8) Nunca, nunca, jamás en la vida se os ocurra decirle a un traductor que las máquinas le sustituirán. He oído la misma frase cientos de veces y me hierve la sangre: «pero, ¿para qué estudias eso? ¡Si Google Translate puede hacer tu trabajo por ti!». Pero vamos a ver, señores, un poquito de sentido común... ¡¿Cómo es posible que una máquina pueda hacer el mismo trabajo que una persona?!. Para empezar, la máquina no piensa, es una má-qui-na. Vosotros, inocentes e inexpertos no-traductores, no os dáis cuenta de la complejidad del lenguaje, por eso no lo entendéis... pero resumiendo, os voy a revelar uno de los puntos básicos de la traducción: el contexto. Sin el contexto, no somos nadie. Y  con Google Translate pasan dos cosas: 1) Como es una má-qui-na no puede pensar y traduce lo que le han dicho que traduzca. 2) Puede haber infinitos contextos en el mundo, tantos como textos, por lo tanto es imposible que una má-qui-na pueda tener almacenado en su «cerebro» de metal cómo traducir cada cosa en cada contexto. Ahí entra nuestro papel humano. Nosotros sí podemos pensar, podemos situarnos en el contexto del texto y decidir cómo traducir cada cosa. Por eso las máquinas nunca nos sustituirán.

traductor de google

9) Tampoco se os ocurra decirnos que nuestra carrera no tiene salidas. Sois un poco obtusos si creéis eso. Y por esa regla de tres, ninguna carrera tiene salidas. Todo depende del momento y de la persona. Puede que algo parezca no tener salidas ahora, pero quizá dentro de X años tiene miles, o puede que pase al contrario. Y puede que os topéis con muchos traductores mediocres que os dirán que «de la traducción no se vive». Mentira. Si uno es un buen traductor y hace bien su trabajo, puede vivir de ello perfectamente, ¡hombre ya!. Nuestra carrera en concreto tiene muchas más salidas que las cuatro que la gente nos impone. Hay todo un mundo relacionado con la traducción y la interpretación, un mundo muy amplio. Así que aplicaos esta regla de oro, para esto y para todo, no-traductores: no habléis sin saber. Y traductores: sed un poquito optimistas.

idiomas de traducción

10) No somos diccionarios andantes ni trabajamos gratis. No tenemos por qué saberlo todo ni por qué tener ganas de explicarlo todo. Si tenéis una duda, mirad en un diccionario, en un manual o en internet. Y si después de todo eso veis que no encontráis respuesta, preguntadnos, pero sin exigencias. Tampoco nos gustan los: «oye, mira, tradúceme esto, que tú sabes inglés y no tardas nada». No somos sirvientes, nuestro trabajo también nos cuesta tiempo, y nuestro tiempo es dinero. Por más que a vosotros os parezcan dos líneas, tres páginas o un párrafo de nada,  los traductores cobramos por palabras, así que estamos perdiendo dinero haciendo traducciones «de favor». Pero como somos buenos, no solemos decir que no a ciertas personas. ¡Así que no abuséis!

humor traductores
Viñeta de Mox

A pesar de que por todos estos puntos pueda parecer que los traductores somos bordes, exigentes, impacientes o que nos enfadamos con facilidad, no es del todo así. Tenemos nuestros momentos, como todo el mundo, pero somos muy buena gente, agradables, simpáticos, inteligentes, perfeccionistas, curiosos, sabemos muchas cosas, podemos hablar de muchas otras, siempre estamos dispuestos a resolver las dudas del prójimo, a revisar cosas, a hacer puntualizaciones y a colaborar cuando sea necesario. Vamos, que quien tenga a un traductor en su vida, tiene una gran fuente de información, además de una joyita que debería cuidar bien :)

Dedicada a todos los compañeros traductores que tan bien entenderán todo lo que os cuento.

jueves, 24 de febrero de 2011

Traducciones y tarifas



Hace pocas semanas me acerqué a la Dirección General del Poder Judicial con la que colaboro desde hace ya un tiempo con la única intención de entregarles mi última factura. Sin embargo, inocente de mí, me volví a casa con una desagradable (aunque en cierto modo, previsible) noticia: los recortes presupuestarios también nos afectarán a partir de ahora a los traductores e intérpretes que colaboramos con ellos. El comunicado que me han entregado dice así:

«Los recortes presupuestarios que nos están aplicando para el año 2011 obligan a tomar la determinación de bajar un 25% todos los gastos del año, incluidas las interpretaciones y traducciones

tarifas traductores

Después de «barajar distintos precios» y de «comparar con el resto de Comunidades Autónomas» (esto último me hace particular gracia), las traducciones pasarán a cobrarse a 0,07 € por palabra a partir de este mes de febrero. Siempre y cuando obviemos que estamos hablando de traducciones especializadas y de que las tarifas originales tampoco eran ninguna maravilla, hasta aquí todo se puede considerar medianamente normal: hay menos presupuesto y hay que hacer ajustes.

Sin embargo, lo de las interpretaciones sí que no tiene desperdicio: las dos primeras horas se cobrarán a 36 € pero, a partir de la tercera, la tarifa bajará a ¡20 € por hora! ¡Ah! Y han suprimido directamente el complemento por kilometraje. ¿Quién da menos?

Bien es cierto que el día que nos asignan una interpretación, empezamos a facturar desde el mismo momento en que ponemos un pie en el juzgado y que, a veces, las jornadas se eternizan y cobramos más por las horas muertas que pasamos esperando que por el trabajo para el que realmente nos han contratado. La cuestión es que no es culpa de los intérpretes que lo que podría ser una interpretación de una hora, se convierta en un día interminable con su correspondiente factura cuantiosa. Y lo digo por experiencia:

Ninguno de los días que me han citado en los juzgados a primera hora de la mañana se ha presentado la unidad de atestados a la hora que debía. Y claro, sin atestados no hay detenido y sin detenido, tampoco hay interpretación. Conclusión: toca esperar. Y esa espera genera, entre otras cosas, muchos gastos. Este día en particular pasé diez horas en el juzgado, dos tercios de los cuales los pasé sin hacer nada.

tarifas de traduccion

En otra ocasión, el abogado de oficio se retrasó una hora. Cuando por fin apareció en los juzgados, bajamos a los calabozos para leerle los derechos al detenido y para que ambos celebraran su primera entrevista, a mitad de la cual solicitaron la presencia del abogado en otro caso que no requería intérprete, y allí me dejaron. En el calabozo. Durante dos horas. Pasando por alto la falta de respeto que supone tanto hacia mí como hacia el acusado (ante todo somos personas) me parece que existe cierta falta de criterio en cuanto a la priorización de los casos en lo que a  reducción de gastos se refiere. Como anécdota del día: los agentes que custodiaban el calabozo fueron de lo más amables, se apiadaron de mí y me acogieron entre ellos. Hasta me ofrecieron una silla.

Podría hablar de otros cuantos casos, pero me parece que estos dos ejemplos ilustran bastante bien lo que quiero resaltar. Si las administraciones públicas desean reducir el gasto por falta de presupuesto y no saben cómo, se me ocurre que quizá deberían aprender a organizarse mejor desde dentro antes de solicitarnos a los colaboradores externos que trabajemos prácticamente gratis. Estoy convencida de que así se ahorrarían más dinero del que gastan al año en traductores e intérpretes. Evidentemente, cada cual tiene sus propias circunstancias y es libre de valorar hasta qué punto le compensa aceptar o no ciertos encargos. Por mi parte, tengo muy claro que no estoy dispuesta a que me tomen el pelo.